Aparece así una nueva cultura del aprendizaje donde se implica potencialmente toda la sociedad. Junto a las instituciones de enseñanza, organizaciones, asociaciones, empresas o centros que hasta ahora no se concebían como educativos pasan a percibirse como organizaciones facilitadoras del aprendizaje y se implican conjuntamente en fomentar la adquisición de competencias básicas universales, la certificación o acreditación de competencias, el balance de necesidades de aprendizaje, el diseño de itinerarios, materiales y metodologías (especialmente las que incorporan el eLearning), el acceso al aprendizaje, la financiación de sus costes y la mejora de la inversión en recursos humanos, la incorporación de las nuevas tecnologías, la orientación, mediación y tutorización pedagógicas, la movilidad geográfica (incluido el aprendizaje de idiomas) y el desarrollo de centros locales de aprendizaje.
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