La política integral del aprendizaje permanente tiene una triple dimensión: la innovación, la inclusión social y la ciudadanía activa. El aprendizaje a lo largo de toda la vida pretende dotar a la población activa de las capacidades básicas de la sociedad del conocimiento y de los instrumentos necesarios para aprovechar la innovación tecnológica. Mediante el aprendizaje permanente se puede además atraer hacia la actividad económica a las personas que se encuentran en situación de inactividad. El aprendizaje permanente es también una herramienta esencial de la inclusión social. Permite otorgar más autonomía a la persona ayudándole a tomar decisiones y asumir responsabilidades en el diseño de sus proyectos vitales, en su desarrollo personal y profesional. En este sentido se debe atender especialmente a las personas desfavorecidas. El aprendizaje a lo largo de toda la vida favorece igualmente la consecución de la ciudadanía activa: refuerza el espíritu crítico y contribuye a una mejor comprensión de la sociedad, de los derechos y deberes de las personas y de los ciudadanos, y del funcionamiento del sistema institucional, político y económico local, regional, estatal, europeo, con lo que las personas podrán influir más eficazmente en las decisiones que les afectan directamente y con ello se fomentará su participación en asociaciones sociales y culturales, partidos políticos, sindicatos, organizaciones sin ánimo de lucro, ONG y medios de comunicación de masas, entre otros.
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