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3.5 CONCLUSIONES SOBRE LA CONVIVENCIA EN LOS CENTROS ESCOLARES DE LA CAPV
  1. La convivencia en los centros escolares de la CAPV es, en líneas generales, buena. Las relaciones en la comunidad educativa son positivas y las situaciones de indisciplina no traspasan, en general, la línea de la normalidad. La convivencia en Primaria es mejor que en Secundaria, como consecuencia, sobre todo, de la distinta fase de desarrollo de su alumnado y el modelo de organización escolar.

  2. En la comunidad educativa –y aún más en la opinión pública- hay una sensación de aumento de la indisciplina e incluso de la violencia en los centros escolares. Más que un aumento generalizado se están produciendo cambios que dan lugar a una percepción más aguda de la conflictividad en las aulas:

    • Están aumentando formas de conducta especialmente dolorosas para el profesorado: la indiferencia o pasotismo y los enfrentamientos verbales en forma antes desconocidas.
    • El aumento se centra especialmente en algunos centros y en algunos alumnos, que con frecuencia forman grupo, con conductas negativas muy preocupantes.
    • La protección de los padres y madres, cada vez mayor, ante las conductas inadecuadas de sus hijos e hijas, deja al profesorado en situación de indefensión.
    • Los cambios en la composición social del alumnado y los distintos modelos de conducta dan lugar a situaciones nuevas. Cuanto estas nuevas conductas se alejan más de las que había conocido anteriormente, el profesorado las percibe como un aumento de indisciplina y violencia, porque rebasan su “umbral de tolerancia”. De ahí que no siempre coincide la sensación de aumento de indisciplina con los centros donde ésta es más frecuente.

  1. En los centros escolares se producen conflictos como en cualquier otro grupo humano. Se ha producido un cambio cultural en la forma de percibir los conflictos, al considerar que en sí mismos no son ni positivos ni negativos y que, en la medida en que se resuelven satisfactoriamente son útiles para aprender y mejorar. Para el alumnado los conflictos más frecuentes son los que se producen dentro de su propio colectivo. En los centros se procura resolver los conflictos por medio del diálogo, aunque no siempre a satisfacción de todos, sobre todo del alumnado. El profesorado reconoce que no está suficientemente preparado para un correcto tratamiento de los conflictos escolares.

  2. En los centros se intenta corregir los actos de indisciplina del alumnado por medios educativos, más que con simples medidas disciplinarias. Cuando se producen estos hechos se procura tratarlos, según los casos, en entrevistas personales con el tutor, en sesiones grupales, en la junta de delegados de curso o en el Consejo Escolar. En general, no se aplican las sanciones más graves, especialmente la expulsión del centro, aunque se den excesos en centros concretos.

  3. El profesorado ve que ha perdido autoridad ante el alumnado. Contribuyen a esta pérdida de autoridad los padres y madres que, en demasiadas ocasiones, excusan los actos de indisciplina de sus hijos e hijas. Así mismo repercute negativamente la falta de criterios acordados y aplicados por todo el profesorado. De todos modos, es un fenómeno general la falta de reconocimiento de la autoridad de quienes ocupan un puesto, si no se legitima con un uso equitativo.

  4. Las conductas negativas más frecuentes entre el alumnado son los insultos, las amenazas y algunas formas de discriminación, sobre todo por el aspecto físico y por el fracaso en los estudios. El alumnado reconoce que estas conductas son más frecuentes de lo que creen el profesorado y los padres y las madres: sabe que existe un maltrato entre iguales muy importante, que queda oculto a los ojos de los adultos. Los chicos habitualmente muestran conductas violentas con mayor frecuencia que las chicas, si bien éstas utilizan con cierta frecuencia la agresión verbal. Con ello se están reproduciendo los modelos sociales dominantes.

  5. La indiferencia es una conducta frecuente en las relaciones escolares, que se manifiesta de diferentes formas. En todos los casos se trata de una forma de no implicarse cuando el proceso educativo resulta más o menos problemático.

  6. La mayoría del alumnado de Secundaria se siente valorado por sus profesores y sus compañeros y sólo una pequeña parte siente su rechazo. Pero, al mismo tiempo, un elevado número de alumnos, sobre todo de alumnas, siente miedo a ser agredido por sus compañeros o ridiculizado por sus profesores.

  7. La variable con más diferencias significativas en relación con el comportamiento escolar del alumnado es el nivel sociocultural de la familia a la que pertenecen:

    • En los centros con alumnado de nivel social medio alto y alto son más fáciles y mejores las relaciones entre los miembros de la comunidad escolar.
    • En los centros con alumnado de nivel social medio se produce un mayor grado de preocupación de los padres y madres por los actos de indisciplina; pero al tiempo son los que, con mayor frecuencia, se enfrenta con el profesorado por defender a sus hijos e hijas.
    • En los centros cuyo alumnado pertenece mayoritariamente a niveles sociales medio bajo y bajo se producen más actos de indisciplina y de violencia escolar.

  1. La familia es un factor decisivo en las pautas de comportamiento de los chicos y chicas. Aunque, en líneas generales, en la CAPV goza de buena salud, se detecta un aumento de familias incapaces de transmitir un modelo claro de convivencia y de familias excesivamente permisivas. Crece la influencia de los medios de comunicación, especialmente de la televisión, y del grupo de iguales.

  2. El contexto sociocultural y político influye en el comportamiento del alumnado. La valoración de la comunidad educativa es que este contexto es más bien favorable, sin ocultar que, por esta causa, se han producido y se producen algunos conflictos y que existen elementos negativos que dificultan una convivencia pacífica.

  3. Se detecta un fuerte aumento en la conciencia colectiva de la importancia que tienen los juegos y juguetes violentos en la conformación de las actitudes de los niños y adolescentes y la atención que se les debe prestar de cara a su educación para la convivencia y la paz.

  4. La escuela está perdiendo confianza en sus posibilidades, ante la incidencia de otros factores que se escapan a su control. Puede constituir una forma de eludir sus propias responsabilidades y una dificultad de adaptación a una situación nueva en la que le toca jugar un papel más activo en la promoción de la convivencia escolar. En el momento actual no aprovecha todos los mecanismos que tiene en su mano y que pueden ser muy útiles con este fin.

  5. Los modelos que la sociedad presenta a la infancia y juventud en la forma de conducir los conflictos y las relaciones interpersonales y sociales son, con frecuencia, negativos. Las formas del lenguaje son cada vez más groseras y menos respetuosas. Los responsables políticos, los líderes sociales, los medios de comunicación no son siempre modelos positivos que imitar; antes al contrario, con frecuencia, son ejemplos de intolerancia, incapacidad para el diálogo y enfrentamientos gratuitos. El uso de la fuerza y la violencia son los modelos más negativos que se les puede ofrecer. En estas condiciones es hipócrita mostrarse escandalizados por los incidentes que se producen en los centros escolares, en vez de valorar en su justa medida la tarea que realizan.

 

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